Blogmas #21: El Café de la Esquina Cuatro

Siempre caminaba por allí y era inevitable no recordar lo que hace años ví por primera vez y que continuó pasando todos los años el 24 de diciembre.

Era el año 2007, tenía 17 años y como todos los años, el 24 de diciembre salía con mi madre a comprar las últimas cosas necesarias para la noche y terminábamos un tanto enojadas la una con la otra… ¿por qué se preguntarán?, por qué desde hace años (no recuerdo cuántos ya) que no pido ni quiero nada para Navidad y ella no sabía que regalarme… como sea, íbamos ya de vuelta a buscar el auto para irnos a casa a preparar las cosas, a eso de las 11 de la mañana, cuando pasamos por la Esquina Cuatro y veo a través del mostrador del Café que hace años está allí a un señor muy mayor, me recordó a mi abuelo… estaba sentado frente a nadie, en una mesa al lado de la ventana, con esmoquin y corbatin, con sus pocos cabellos canos bien peinado y la servilleta de género sobre la almohada…. en el centro había una rosa que me recordó a la Bella y la Bestia y tomaba café, imaginé que era un café cortado y mientras lo bebía se veía feliz.

Mi madre en ese momento entró a una paquetería a comprar ovillos de lana para uno de esos proyectos que nunca finaliza, pero que la hace feliz y yo me quedé pegada viendo al viejito bebiendo su café…. me mira y me saluda, yo le devuelvo el saludo y decido ir a buscar a mi mamá para irnos a casa.

Pasaron los años y cada uno de ellos, el 24 de diciembre lo veía a él bebiendo su café a las 11 de la mañana, con su esmoquin, con cada vez menos cabello, pero con su sonrisa infaltable en su rostro… sin embargo fui entendiendo cada año que era una sonrisa un poco triste y un tanto desesperada, como que esperaba que algo sucediera y yo seguía sin entender a quién le sonreía y por qué se encontraba siempre solo.

En el 2010 pensé que quizás el señor del esmoquin iba todos los días al Café de la Esquina Cuatro y ese año, pasé muchas veces fuera del local e incluso entré en algunas ocasiones a tomar yo un café allí. Pero no, no iba…. lo supe cuando conversé con el dueño del lugar, ese día supe que el señor se llamaba Humberto y que desde el 2005 visitaba todos los 24 de diciembre a la misma hora ese lugar, que llegaba en esmoquin con una rosa roja en sus manos y pedía la misma mesa al lado de la ventana, se sacaba el sombrero, dejaba la rosa al centro y de su bolsillo sacaba un marco de fotos pequeño que nunca me había percatado que estaba y lo colocaba en el lugar de frente a su asiento y allí pasaba tomando un café cortado con el pastel del día.

El dueño me contó que en el año 2004 Don Humberto fue con su señora a tomar un café el 24 de diciembre, entraron allí porque era el único lugar abierto ese día y ambos pidieron un Café cortado con el pastel del día y conversaban mucho, a veces reían y otras lloraban. Cuando Don Humberto le pidió la cuenta, el dueño del local fue testigo de una promesa que ambos se hicieron, que sin importar qué, siempre irían el 24 de diciembre a beber un café a ese lugar para recordar la vida y conversar como si fuera una primera cita de ambos.

Me contó también que al año siguiente, él ya no se acordaba de la promesa pues no lo creyó, pero cuando vio entrar a Don Humberto recordó todo y se llenó de tristeza, pues él iba solo con su rosa…. no le quizo preguntar que pasó, pues se lo imaginó, así que a pesar que tenía gente que lo ayudaba con las mesas, el mismo salió del mostrador y lo atendió… me contó que lo vio llorar, pero siguió sentado allí hasta que terminó su café y escuchó como le contaba como habían estado sus días, de como la extrañaba.

En el año 2006, supo que la señora de Don Humberto se llamaba Clara y que amaba las rosas rojas y que cumpliría su promesa hasta el resto de sus días.

El dueño se emocionó mucho mientras me contaba como desde esos años siempre lo veía entrar y como ya lo esperaba con un florero pequeño con agua en la mesa de siempre y que solía ponerle el letrero de “reservado” para él.

Ese mismo año, el 2010 fui el 24 de diciembre decidida a entrar a saludarlo y entregarle yo una rosa roja más para él, vi la mesa reservada con el florero vacío en el medio, saludé al dueño del local y me senté cerca de la ventana…. pasó el medio día y aún no llegaba, me preocupé y en mi interior sabía que había pasado. Intercambio una mirada con el dueño y vi su mirada triste, así que dejé el dinero de mi cuenta sobre la mesa y sin decir nada me paré y dejé una rosa en el florero… no pude evitar que mis lagrimas afloraran, sentía como si lo conociera de toda la vida y que tenía montones de recuerdos con él, pero estaba feliz de que por fin la rosa la podría entregar en persona a su amada Clara.

Me despedí del dueño y cuando estaba por salir, tocan mi hombro.

Era un joven el que me retuvo y me pidió que lo esperara, no sentí miedo sino que mucha confianza. Él habló con el dueño y le entrego un sobre, luego me invitó a sentarme con el dentro del café, bebí otro más y empezó a hablar.

“Mi nombre es Cristobal, tengo 24 años y soy el nieto de Humberto. Me conmovió lo que hiciste, ¿conocías a mi abuelo?”

Negué con la cabeza, no tenía palabras.

“Disculpa si te asusté o te estoy molestando, pero muchas gracias por el gesto, me tranquilizó el corazón. Él falleció hace unos días y supimos por su diario que escribió hace tiempo lo que hacía y la promesa que hizo con mi abuela, así que decidí venir aquí hoy a agradecerle a dueño del local por cuidarlo y atenderlo tan bien en estos año de soledad de mi abuelo”.

Me abrazó y me entregó la rosa roja que el llevaba, intercambiamos números, pero no hablamos más hasta el año siguiente.

Me levanté ese 24 de diciembre sintiendo que tenía que hacer algo, pero sabiendo que no lo encontraría. Aún así me visto y salgo decidida a tomar un café en la esquina cuatro.

Llegué pasada las 11 de la mañana, pero no me importaba, no sabía que no encontraría al viejo del esmoquin, pero se había vuelto mi propia rutina anual del último tiempo.

Cuando entro al local, saludo al dueño como si fuésemos amigos de toda la vida, ya se le notan los años y no puedo evitar pensar que en algún momento ese lugar no abrirá más las puertas. Me dice que llevará mi café enseguida y que tome asiento en la mesa uno, pues me estaban esperando. No entendí nada, sin embargo le hago caso, giro a la mesa uno… esa mesa que siempre observé de lejos y allí estaba él, con una rosa en sus manos y esperando a que me sentará.

Conversamos por mucho rato y entendí que desde ese día y para siempre ese momento se convertiría en nuestra propia promesa del día 24, para mi un lindo regalo de Navidad.


Muchas gracias por leer una vez más y si quieres saber de que se trataron los blogmas anteriores, te invito a revisar el siguiente listado:

Blogmas 2018
– Blogmas #1: Idea y planes para la Navidad.
– Blogmas #2: Película navideña favorita.
– Blogmas #3: Storytime – El día que cené empanadas.
– Blogmas #4: ¿Dónde sueles pasar la Navidad?
– Blogmas #5: Tradición favorita Navideña.
– Blogmas #6: Wish List Navideña.
– Blogmas #7: Christmag tag.
– Blogmas #8: Looks Navideños.
– Blogmas #9: CamiLinks Navideños.
– Blogmas #10: Lo que amo y odio de la Navidad.
– Blogmas #11: Storytime 2 – El día en que la Noche Buena fue el 24 al medio día.
– Blogmas #12: Tu árbol de Navidad.
– Blogmas #13: Películas que siempre veo en Navidad.
– Blogmas #14: 5 videos navideños en Youtube.
– Blogmas #15: Un día con Cami.
– Blogmas #16: Regalos DIY navideños.
– Blogmas #17: Lecturas para la época navideña.
– Blogmas #18: Cola de mono casero.
– Blogmas #19: Maquillajes navideños.
Blogmas #20: Canciones de Navidad

Cariños,

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9 comentarios sobre “Blogmas #21: El Café de la Esquina Cuatro

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